Entre los cuentos de mi infancia encontré uno que me encantaba, Peter Pan. Cuando lo veía, no sabía su verdadero significado, pero ya crecí y me di cuenta de una cosa: le damos muy poca importancia a las cosas secundarias, a lo pequeño; ¿que por qué digo eso?, por Campanilla. Sí, esa, Campanilla, sí sí, la compañera de Peter. Aquella hada a la que nadie hacia caso. A muy pocos le importaban sus sentimientos, todos querían que Peter acabara con Wendy, la chica encantadora, la que le cosió su sombra a los pies, la que dejo a Peter porque decidió hacerse mayor y renunciar a él. Oh sí, que gran persona, ¿verdad?. Pero yo pregunto una cosa, ¿crecer? de que sirve si tienes al amor de tu vida para siempre a tu lado. ¿ Sabéis una cosa?, el verdadero amor era el de Campanilla, que arriesgó su vida bebiéndose la medicina envenenada para que no muriera Peter. Y todo... ¿para que? Para que él la empujara, para que el sólo se fijara en Wendy. Sin duda alguna, Peter Pan es uno de los cuentos más sinceros que nos contaban de pequeñas respecto al amor. Nada de zapatos de cristal, nada de besos que rompen maldiciones, nada de castillos protegidos por dragones, simplemente, una chica enamorada de un chico que quiere a otra.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias.