jueves, 2 de julio de 2015

Si nunca esperas nada de nadie , nunca te decepcionaran.

                   Después de lo acaecido, y de lo que para evitar mayores problemas me reservo nombres detalles                                  y demás datos morbosos o curiosos, me ha venido a la memoria la frase que decía:

                                            “Si nunca esperas nada de nadie, nunca te decepcionaras “

 Y es que la decepción es algo tan sencillo y simple como la frustración que se siente ante el comportamiento de una persona o ante una situación a la que le imaginábamos un resultado final diferente.
A los seres humanos nos encanta suponer, forma parte de nuestra naturaleza, yo supongo, tu supusiste, ellos supondrán, y así hasta un sinfín de supuestos y presupuestos en los que uno empieza a imaginar sobre lo desconocido, a crear una situación ficticia, o a creer que alguien es quien no es en realidad. Nos creemos hasta tal punto nuestras fantasías que nos convencemos de que son reales, es entonces cuando al encontrarnos cara a cara con la realidad nos invade la decepción. 


Seguimos imaginando, confiando, creyendo y soñando, pero con el tiempo, con los años, con los desengaños, poco a poco nos vamos convirtiendo en expertos en ese arte que es la decepción. Soñar es bueno, creo que es algo genial, pero no se puede vivir la vida en sueño, hay que despertar y hay que abrir los ojos, por muy cómodo que sea permanecer en el letargo del desconocimiento, por mucho que en más de una ocasión no podamos evitar sentir ese amargo sabor que hoy siento en la boca.

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